Sí, porque los jóvenes de hoy son los viejos de mañana, en este gerundio en el que mientras estamos viviendo vamos envejeciendo, desde que dejamos la adolescencia con radiantes 20 años de edad.

Hoy es el momento de asumir una actitud militante contra el Edadismo que es la discriminación contra las personas de “avanzada edad” esto es contra los envejecientes aventajados.

Por lo que jóvenes adultos y adultos mayores “envejecientes todos” estamos obligados a erradicar esta otra dolorosa forma de discriminación.

Salvémosnos de hoy ejercerla y sufrirla mañana.

Porque el fenómeno discriminatorio inicialmente no es percibido por el sujeto activo aunque sí es sufrido por el sujeto pasivo.

En consecuencia, el envejeciente joven, debe hacer un ejercicio de introspección diagnóstica, para indagar si es o no portador del Edadismo,  y en caso de serlo buscar su inmediata erradicación con amor, gratitud y empatía, y ¿por qué no? con apoyo terapéutico.

Mientras que, el envejeciente mayor debe reflexionar para abandonar el arquetipo de la víctima, del pobre de mí, del ya no puedo; cuando aún tiene tanto para dar y darse, con solo sentir, percibir y practicar amor, gratitud y resiliencia.

Se trata de un ejercicio doble faz, que atañe tanto al sujeto activo como al pasivo, porque ambos habitan el mismo cuerpo, aunque en diferentes tiempos o momentos.

NO al Edadismo  y NO a la autovictimización

La clave está en la coherencia axiológica en ambos lados del Edadismo. Porque cuando tienes claridad respecto a tus valores principistas y actúas conforme a ellos siendo coherente con lo que piensas, dices y haces, no hay lugar para el Edadismo ni para la autovictimización.