Desde siempre, por siempre, hasta siempre.

Porque viviendo, envejecer no es opcional.

Según algunos, el proceso del envejeciente se inicia al nacer pero no culmina en la vejez, porque al igual que la vida, solo se acaba cuando termina.

Entonces, como viviendo “envejecer no es opcional”  te invito a que vayamos disfrutando el proceso de envejecer como un delicioso viaje que solo se acaba, cuando la  inoportuna presencia de la muerte nos asume.

De manera que, a partir del arribo a la edad adulta que según la OMS inicia a los 20 años, debemos asumir el deber que tenemos de ir viviendo en gerundio el proceso del envejeciente preparándonos para ir disfrutando cada una de sus etapas, sin prisa pero sin pausa.

Para así, estar arribando a la maravillosa tercera edad a los 60 años, cuando tendremos rebajas en transporte, cines, teatros, restaurantes, bares, gimnasios, librerías y tiendas, entre otros; por lo que deberíamos disponer de buena salud, tiempo libre y recursos para seguir disfrutando.

Continuando ahora, hasta la cuarta edad, los 80 años, conscientes de que debemos ir más lento, ahora sí, con pausas, regocijándonos de seguir hasta la quinta edad los 100 años en los que comienza el tiempo de descuento cuya cantidad y calidad dependerá de cómo hayamos vivido los 99 años anteriores.

De manera que, tempranamente debemos ir tomando consciencia de nuestro recorrido vital para vivir disfrutando la vida hasta que la muerte nos separe, en cualquiera de las franjas etarias de la maravilla que se llama vida.

Para ello es indispensable que, vayamos forjando nuestro objetivo de vida y desarrollando nuestro proyecto vivencial, disfrutándolo a cada paso de nuestro hermoso camino, con ejercicios de autoconocimiento que nos proveerán autoestima la cual se irá traduciendo en buen humor, amor, empatía, resiliencia, gratitud y relaciones de calidad.